“El objetivo es que la desaparición forzada duela a toda la sociedad”: Pablo Cala, miembro fundador de la Red Latinoamericana Contra la Desaparición Forzada

Cuando el cantante panameño Rubén Blades preguntaba en sus letras “¿A dónde van los desaparecidos? (…) ¿Y por qué es que desaparecen?” hablaba del dolor y la persecución que vivieron millones de latinoamericanos a causa de la violencia sociopolítica y las dictaduras en América Latina. Y aunque ya han pasado más de 30 años desde que Blades entonara esa letra, en Colombia -como en otros países- la tragedia de los desaparecidos sigue muy vigente.

 

Para entender un poco más este contexto y sus implicaciones en la actualidad, hablamos con Pablo Cala, integrante del Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda (Colectivo OFB), organización perteneciente al Movice y miembro fundador de la Red Latinoamericana Contra la Desaparición Forzada. Esta iniciativa arrancó la semana del 2 al 7 de abril de 2017, en el marco de un encuentro realizado en Colombia, con organizaciones de víctimas y de derechos humanos procedentes de Argentina, Colombia, Guatemala, El Salvador, Honduras y México.

 

Pablo lleva más de 25 años luchando por la defensa de quienes han padecido la violencia política en Colombia, en especial, de las víctimas de desaparición forzada. El camino que daría vida a este proyecto empezó con su experiencia en México y Centroamérica, con la Consejería en Proyectos para Refugiados Latinoamericanos (PCS), entre 2012 y 2015, donde se relacionó con defensores de derechos humanos de población migrante y conoció las experiencias de familiares de migrantes desaparecidos.

 

Pero la labor en el exterior no detuvo su compromiso con Colombia. Durante este tiempo también trabajó con el padre Javier Giraldo, creando una experiencia que se conoce hoy como el Protocolo Humanitario de Exhumaciones. Este consistió en “un grupo de defensores de derechos humanos, con la participación de una antropóloga forense y familiares de víctimas, que fuimos a lugares donde la Fiscalía no podía acceder. En concreto, fuimos a Charras, Guaviare, donde se realizaron siete exhumaciones de carácter humanitario”, relata Pablo. “Luego las familias lograron que a través de los procesos que se continuaron en la Fiscalía se identificaran, entregaran los cuerpos y continúan en su lucha por el reconocimiento de la verdad y justicia”, agrega.

 

Esta experiencia, junto a la de otras organizaciones de familiares de desaparecidos y la campaña “Contemos la Verdad, porque todas las personas no identificadas tienen una historia”, impulsada por el Colectivo OFB con base en la situación de los cementerios de los Llanos Orientales, fue una de las que se presentó a las partes en la mesa de conversaciones de La Habana y se convirtió en insumo para el posterior Comunicado 62 sobre “búsqueda, ubicación, identificación y entrega digna de restos de personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto armado interno”, así como para la creación de una Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, materializada en el Artículo 4 del Acto Legislativo del 2017, desarrollando su organización a través del Decreto 589 del 5 de abril del 2017.

 

La labor actual de Pablo tiene sus orígenes en el trabajo social que empezó por su cuenta cuando era estudiante en Cartagena en medio de la naciente constitución política de 1991. Entre 1994 y 1995 trabajó con jóvenes de bajos recursos y comunidad desplazada en Cali, de la mano de una congregación religiosa. En el 94, viajó a Trujillo, Valle, donde conoció a Justicia y Paz, organización a la que estaría vinculado por 17 años. Durante ese período trabajó con procesos organizativos en el Bajo Atrato chocoano, Dabeiba (Antioquia), Naya (Cauca), Sucre, Meta, y otras regiones. Inclusive, participó desde esa organización en la conformación del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, desde el año 2005.

 

Desde 1996 hasta el 2012 acompañó desde la Comisión de Justicia y Paz a los familiares de los desaparecidos en el Palacio de Justicia y varias comunidades afrodescendientes, mestizas e indígenas. Esa cercanía a casos de personas desaparecidas le permitió conocer en 2010 las acciones que realizaba el Colectivo OFB en los Llanos Orientales, entre ellas, la identificación de personas enterradas en cementerios públicos y registradas como no identificadas. Al Colectivo OFB se vinculó formalmente en el 2015.

 

Pablo siempre ha asumido los retos de todos estos procesos con miras a superarlos. Ha buscado a través de su labor “cómo hacer que la esperanza sea un motor de vida de quien ha sufrido y padecido, no solamente pérdidas humanas, sino también planes de vida”.

 

“El reto tiene que ver con lograr respuestas para quien tiene preguntas y busca resolverlas. Estamos hablando, concretamente, de la pregunta de ¿Dónde están los desaparecidos?” dice Pablo. “Eso se vuelve un reto enorme porque si se logra en un momento dado tener respuestas, esto va a tener unos cambios muy fuertes, no solamente en una familia sino en una sociedad”, expresa.

 

Es, también, una de las personas que sueña con la unión latinoamericana frente a una problemática como la de las desapariciones forzadas: “Desde el Ahora, podemos estar construyendo a nivel de todas las experiencias una gran constelación de sueños y utopías que hagan que esto no vuelva a pasar, pero que haya respuesta frente a lo que ha pasado y nos permita caminar en el mañana. Esto es lo que somos, memoria, de lo que ha sido, de lo que es y será. Somos una memoria que mueve y conmueve, evoca y convoca, llamada a empoderar no solo a las víctimas sino a la sociedad en general y ser cimiente de un mundo más humano, sin desapariciones forzadas, sin criminalidad estatal”, concluye.